Daguerrotipo de locomotora.
Aquí no tenían twitter. Fuente

Asisto en la actualidad atónito a los acontecimientos que tienen lugar en Madrid con twitter y el transporte público. El gerente de la Empresa Municipal de Transporte del Ayuntamiento (EMT) está siendo investigado por la suplantación de la identidad del en twitter del Consorcio de Transportes de Madrid (CRTM, de la Comunidad de Madrid). Más allá del salseo que hay, me temo que esto representa una concepción de lo digital, y lo social que está metida en muchas de las personas que se dedican a la actividad política (y administrativa) en España.

Disclaimer: No soy abogado, no tengo ni idea de derecho y este post NO habla de las cuestiones penales del caso, entre otras cosas porque no tengo ni idea de derecho penal ni civil, saqué bien administrativo y constituional y suspendí Internacional público con el profesor más fácil. Simplemente trata de hacer un análisis de lo que dice de ciertas concepciones políticas sobre el mundo digital. Tampoco se trata de un juicio al gerente de la EMT, ni al CTRM ni nada parecido. Hablo de estos hechos y de lo que representan.

El caso: Twitter, el consorcio de transportes y todo lo demás.

El relato de los hechos es como poco rocambolesco. Según el diario El País, el CRTM (que es de la Administración regional presidida por el PP) denuncia que hay una cuenta de twitter que utiliza su logotipo, nombre y la dirección de la página web para informar y atender a usuarios. Vamos a decir que en el perfil de twitter figura que la cuenta no es oficial. La investigación arrojó una serie de IP’s entre las que se encontraba, aparentemente la del gerente de la EMT, empresa municipal de un Ayuntamiento (gobernado por Ahora Madrid). Por otro lado, hay que señalar que la cuenta apenas tuvo seguimiento ni actividad, tal y como indica El Diario.es.

En términos generales diría que si pones un logotipo, un nombre y la web de una institución en una cuenta de twitter, tu idea es hacerte pasar por ella. Entre otras cosas, porque la gran mayoría de los usuarios que ven tuits no entran en el perfil para ver si es oficial o no, y porque hay cientos (diría miles) de instituciones en España con cuenta en Twitter que no la han verificado ante la red social y no tienen el simbolito azul.

Dicho de otro modo: puede dar el pego como el CTRM y lo lleva alguien de una institución que  no sólo no es el CTRM sino que puede tener un interés político contradictorio. No soy quien para hablar de las intenciones de nadie, pero desde luego, es dificil pensar que si alguien quiere evitar confusiones utilice este tipo de perfiles. En todo caso, no hay una vocación de ser transparente sobre la naturaleza de la cuenta.

El CTRM y Twitter.

Ahora bien, por otro lado (y esto no es echar la culpa a la víctima), resulta sorprendente que, a día de hoy el CRTM no tenga una cuenta de twitter. Entiéndase que incluso algunos de mis clientes privados que facturan mucho menos de lo que tiene de presupuesto el Consorcio tienen su cuenta de twitter.

Es decir, estamos hablando de una institución que regula, ordena y canaliza el transporte público de una región de millones de habitantes, muchos de los cuales utilizan dicha red. Desde luego, twitter es una herramienta útil para un órgano así y tiene un gran interés para la ciudadanía. ¿Cómo puede ser que esto sea así?

De hecho, visto el desarrollo de los hechos, da la sensación (no digo que sea así) de que la preocupación por el consorcio viene más por la usurpación de la identidad que por el servicio al ciudadano. Esto es normal porque es algo muy grave. Pero por algún motivo alguien se ha preocupado mucho por esto mientras que la inexistencia en una red social de amplia implantación en España como Twitter, no parece alarmar demasiado.

Lecciones de todo esto.

Las redes sociales como instrumento político.

Lo primero que siento aquí es que se concibe por ambas partes Twitter como una herramienta política. Por un lado, usar unos identificativos que no son tuyos sin dejar claro que eres tú es algo insólito que cualquier troll de internet sabe. Podríamos decir que hay una intención legítima de prestar una información en twitter que no está ahí, pero resulta muy cuestionable que se use un distintivo ajeno. Es más, si la vocación es realmente de servicio público, usarías la cuenta de tu organización y dejarías claro que incluyes incidencias de toda la red de transporte si las tienes.

Por otro lado, al CTRM evidentemente no parece importarle no estar en twitter con lo cómodo que sería informar a la ciudadanía a tiempo real de las incidencias por esta red. La preocupación viene (lógicamente) por una identidad usurpada, pero no parece ir más allá.

Por otro lado, la prensa parece muy preocupada por esta cuestión (y está bien) pero no por lo llamativo de su ausencia.

La política como descrédito.

La cosa parece fea y desde luego la sensación que parece haber (no digo que sea la mía) es que la idea es hacer una especie de servicio y, quizá, de descrédito del adversario político. Sin embargo, a mi se me ocurre que si quieres prestar información y dejar en mal lugar la ausencia en twitter, nada mejor que prestar la información que no prestan otros. De hecho, no es una práctica tan rara (dejando claro quien eres). Por ejemplo, si quieres seguir las novedades de Netflix, HBO o Amazon, sigues en twitter al Gallo de Netflix, el Gallo de HBO mejor que a las cuentas oficiales. No sólo queda bien quien las hace, es que queda mal quien teniendo todos los datos, no gestiona bien la información.

La falta de comprensión de las reglas digitales.

Si tienes una marca, registras todos los dominios y cuentas sociales posibles. No es que vayas a usarlas, es que si lo registras evitas que llegue otro y te lo quite. No puedo entender cómo teniendo nombres registrados de instituciones consolidadas, no se pueda tener registrado el twitter  aunque sea vacío. De hecho, no me puedo imaginar que no esté por defecto, y más aún en la Comunidad de Madrid, que ya tiene antecedentes en el mundo real al perder ni más ni menos que sus siglas ante la Caja de Ahorros del Mediterráneo.

Del mismo modo, incluso diciendo que la intención no es suplantar, como decía, cualquier troll de internet sabe los límites de lo que puede y no puede hacer… y lo que se ha hecho con esa cuenta está fuera de cualquier práctica honesta (no digo bienintencionada o no) en la red.

En resumen.

Creo que sigue habiendo una comprensión de las redes sociales más pensada para la “política de guerrilla” que para el servicio público. Esto puede ser mejor o peor, pero cuando ya metemos instituciones que son administraciones públicas (y por tanto, de todos), la cosa no está bien. La función de CRTM y EMT es ofrecer servicios a la ciudadanía. Desde luego el primero no está ofreciendo un servicio a la ciudadanía que sería útil, barato, rápido y eficaz. El gerente de la EMT, si quiere dar información del CRTM puede hacerlo desde la cuenta personal o del consorcio, o diferenciando perfiles.

Todo esto deja una percepción de que, una vez más, el interés ciudadano queda en un segundo plano para determinadas personas e instituciones, poniendo por delante intereses particulares bien sean políticos o burocráticos. Y mientras, la gente, a verlas venir.

 

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