Foto antigua de un yogi.
El yogi Soham Swami, que sí que sabía dónde mirar. Fuente

Desde hace unos meses practico yoga. Años de estar sentado delante del ordenador, de carreras de fondo y una cierta predisposición hereditaria han dejado mi espalda tocada. Es por eso que tuve que practicarlo para mejorar mi postura y la musculatura por ahí detrás. Es una nueva experiencia para mi que me ha venido bien. Mientras lo practico, voy analizando un poco cómo mover el cuerpo y las instrucciones de los profesores. Entre todas ellas, me ha parecido muy interesante la insistencia en el drishti, el sitio en el que fijas la mirada en cada postura. Lo cierto es que donde fijas la mirada es fundamental para llegar a donde te propones. Y como soy un poco así vamos a hablar del drishti de la transformación digital, siguiendo la escuela que abrió el artículo del Unalome.

Vaya por delante que solo llevo haciendo esto unos meses y es una observación pero que creo que tiene sentido.

El drishti cuando estás doblando tu cuerpo: la estrategia.

Hay una serie de posiciones que no buscan estirar tu cuerpo, sino flexibilizarlo. Es decir, te doblas, retuerces y redoblas hasta donde tus articulaciones lo permiten. El propósito es en parte recolocar las cosas donde deberían estar, y en parte lograr que se mueva con más fluidez. En estos casos, la mirada la tienes que colocar en un punto en el que es imposible de alcanzar. Esto es lógico: en el momento que lo alcanzas, dejas de forzar la posición. Entonces ¿Cómo lo hacemos?

En estos casos se fija la mirada en la punta de la nariz o el entrecejo (según que postura sea). Esto te convierte en algo parecido a lo que hace el perro que se trata de morder la cola. Sin embargo, como no estás moviéndote, lo lógico es que acabes girando en el sitio.

Es algo muy similar a lo que supone la visión en una estrategia. Cuando una organización traza una estrategia tiene que fijar en la visión qué es lo que pretende ser, pero de una manera que nunca puedes alcanzar. En ambos casos tienes un punto en el que fijas la vista que forma parte de ti, y que te obliga a girar más y más para no alcanzarlo. Es la única manera de no dejar nunca de cambiar. Es una misión imposible (y desde un punto de vista utilitario, carece de sentido), sin embargo, es fundamental para hacer todo lo demás.

El drishti cuando estiras tu cuerpo: el sitio al que apuntas.

El segundo bloque de drishtis es el que se utiliza cuando estás estirando tu cuerpo. Se trata de estas posturas en las que uno trata de llegar a agarrar los dedos del pie o abrir el pecho. En este caso, solemos fijar la mirada en los extremos del cuerpo: dedos del pie o el pulgar de la mano más alejada. Se trata, por lo tanto de centrar la atención en un punto que o bien estamos estirando, o bien estamos tratando de alcanzar.

En este caso, el propósito es que esas extremidares  esten en su máxima distancia, y que todo el cuerpo vaya hacia ella. En parte de ellas, a poco que practiques, acabarás llegando. Entonces ¿Cuál es el punto de este drishti?

Estos drishtis están destinados en centrar toda la fuerza y musculatura en un solo punto. Sin embargo, es un punto que no se mueve con nosotros, sino que lo podemos alcanzar. Una vez que lo alcanzas, lo que pretendemos es mantener el equilibrio en la postura y mejorarla para seguir estirando. Este drishti es como los objetivos de la estrategia. Fijas la atención para forzarte y mantener el equilibrio y la puedes alcanzar. Una vez hecho esto, simplemente, tratas de mantener el rumbo y mejorar tu desempeño.

El drishti cuando mantienes el equilibrio: mirar a otro lado.

Existe, finalmente, un caso en el que la mirada cae fuera del cuerpo. Se trata de esas ocasiones en las que acabas manteniendote sobre una sola pierna mientras la otra está haciendo cualquier otra cosa. En este caso, lo que se hace es fijar la atención en un solo punto fijo que no está sobre ti. La diferencia entre hacerlo y no hacerlo es la más palpable de todos. Es decir, si no lo haces es muy probable que acabes por los suelos.

En este caso, la mejor manera para no caerte es fijar la atención en algo que está fuera de ti. El cuerpo hará lo necesario (estirarse, mantener el equilibrio), pero si no miras a un sitio fijo (y te concentras), acabas en el suelo.

Estos drishtis son el contexto de la organización. Puedes ser flexible, puedes ser capaz de estirarte, pero si no fijas la mirada fuera de tu cuerpo, tu referencia estará siempre sesgada. Es esto que encontramos tantas veces de decir “la estrategia se ha cumplido”, pero que todo el mundo ve que no funciona. Para evitar caerse, es fundamental mirar más allá de tu cuerpo, porque si no, tu cuerpo se mueve y tu no eres consciente de hacerlo.

Nadie hace bien una práctica haciendo sólo un tipo de ejercicio.

Así que tenemos un referente estratégico y casi filosófico, otro táctico y otro contextual. ¿Cuál es el importante? Porque es una pregunta típica en debates y charlas sobre estrategia. Siguiendo con la metáfora, cuando alguien hace yoga, alterna posturas de los tres tipos.

Uno no puede esperar tener un cuerpo flexible, ordenado y equilibrado haciendo solo estiramiento o flexibilidad. Cada uno tiene su momento y su papel. Esto es igual en el caso de la transformación digital. Hay momentos de fijar la atención en la estrategia, en los objetivos o en el contexto. Si olvidas cualquiera de los tres, o acabarás por el suelo, o no podrás hacer bien el resto de posturas. Uno no se puede estirar bien si no es flexible. Y uno tendrá más flexibilidad cuanto más estire el cuerpo.

Pero no olvidemos lo importante. Al final la mirada es sólo un elemento necesario para algo más profundo. Cuando uno se acostumbra a hacer esto, es consciente de partes del cuerpo que antes no sabía que tenía. Esto te permite estar bien, moverte mejor y, sobre todo, hacer cosas que antes no podías.

La mirada no es lo que te hace mejor, pero es necesaria para que puedas hacer lo necesario para lograrlo.

 

 

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