Daguerrotipo de trabajador.
Antecesor de los Property Brothers. Fuente

No soy muy seguidor de los programas de decoración y reformas que hay los fines de semana en la sobremesa. Sin embargo, la pasión familiar que hay sobre la materia ha convertido “Tu casa a juicio” (The property brothers) en un clásico a la hora de la siesta (de la que sí que soy fan). En cualquier caso, si no logro dormirme, acabo irremediablemente enganchado a este programa canadiense sobre búsqueda y reformas de casas. Como no entiendo demasiado ni de colores, decoración o materiales, simplemente disfruto del drama y divago sobre lo que pasa en cada episodio. Es por eso, que he encontrado 5 cosas que relacionan la reforma de una casa con un proyecto digital y que son de gran utilidad para consultores y clientes.

Saber lo que quieres para saber lo que cuesta.

El programa en cuestión es muy formulaico, casi procedimental.  Se presenta a la familia que lo protagoniza cuentan su situación actual y dónde quieren vivir y su presupuesto. Entonces, uno de los hermanos, agente inmobiliario (Drew), hace una búsqueda de sitios que pueden entrar en las aspiraciones familiares.

¿Qué hacen los Property brothers? Normalmente la primera visita es a la casa de los sueños de la familia. La casa, que está justo donde querían, es como soñaban y tienen cosas que ni imaginaban les encanta. Sin embargo, la “sorpresa” es que el precio de la casa completa supera con mucho el presupuesto real de la familia. Hablo de cosas como duplicarlo. Entonces Drew le comenta a qué pueden aspirar con su presupuesto una zona un poco más alejada, una casa un poco más vieja o más pequeña, o una reforma más grande.

La cuestión es que con esta acción hacen dos cosas importantes: visualizar qué es lo que quiere la familia y explicarles el valor real de mercado de sus sueños. Con ello le dan las opciones que equilibran expectativas con su realidad, evitando disgustos o sustos posteriores.

Siempre hay asbesto

Una vez elegida la casa y explicado el proyecto de reforma, empiezan los trabajos. En ese momento (a los dos o tres minutos) aparece uno de los personajes recurrentes del programa. El asbesto, la instalación eléctrica antigua, las tuberías viejas, o las vigas podridas se convierten en un drama que da paso a los anuncios. Cuando volvemos de publicidad, el hermano contratista (Jonathan) explica la situación del problema, por qué es importante actuar y lo que supone actuar sobre el tema, tanto en el plano económico como temporal.

La presentación de la situación es siempre esta, el problema, sus implicaciones, el coste y los aspectos en los que se podría ver afectada la obra (“ya no tendrás tu sala de billar, Tim”).

La cuestión es que, como norma general, da igual lo bien planificado que esté un proyecto, siempre ocurren imprevistos más o menos severos. Algunos podrían haberse evitado, pero otros simplemente aparecen (como la Ley de Protección de Datos). En ese caso, no tiene sentido ni ponerse a la defensiva por parte del contratista, ni echar la culpa por parte del cliente, sino dimensionar el tamaño y plantear las líneas alternativas de acción.

Los property brothers.
Los property brothers en cuestión. Fuente

Hay que reubicar el presupuesto, mirando el conjunto

Como decíamos la aparición de asbesto golpea a los sueños familiares en la línea de flotación. En este momento, el Jonathan plantea una serie de cuestiones, generalmente de manera escalonada. Primero, si hay algo a descartar directamente, lo hace. Luego, dentro de lo que es abordable con el nuevo presupuesto, plantea diversas líneas de acción. Es decir, Tim no tendrá sala de billar, pero posiblemente, una vez eliminado el asbesto podamos hacer el cuarto de la lavadora para que luego la cocina quede más espaciosa.

Generalmente, cuando se hace un proyecto, el presupuesto es una condición, pero no una finalidad. Es decir, lo que debes plantearte cuando cambia un presupuesto o unas condiciones no es qué hago y qué dejo de hacer, sino qué escenarios nuevos se hacen. ¿Por qué? Porque no es lo mismo una casa que tenía pensada una sala de billar, que una que en vez de una sala de billar tiene una cocina donde entra una isla y no hay lavadoras.

Las decisiones no se deben tomar sobre un valor numérico que está ahí, sino por un resultado que puedes alcanzar.

Es su casa, no la tuya

Los hermanos Scott son simpáticos, altos y gemelos. Trabajan mucho, hacen chistes malos y saben lo que hacen, pero no son los que toman las decisiones. ¿Por qué? Porque por mucho que sepan, no es la casa en la que van a vivir ellos, sino la familia del programa.  Su función es ayudar a conseguir esa casa y en ello lo que hacen es ayudar a tomar decisiones e implementarlas de la mejor manera posible. De hecho, una de las cosas que suelen hacer y que es muy importante, es eliminar la tensión a través de explicar todo todas las veces que sean necesarias hasta que la familia entiende la situación. Luego tratan de ofrecer opciones sobre lo que se puede hacer o no.

En ocasiones (no muy habituales) le piden un poco de margen de confianza adicional si están muy convencidos de que algo saldrá bien, pero no así la familia participante. Sin embargo, incluso en ese caso, piden permiso y tratan de ir mostrando avances y explicando por qué vale la pena esa decisión.

El resultado no es la obra, sino la sensación

El cierre del programa llega cuando enseñan la casa terminada a los participantes. En este caso hay dos cosas que no suelen tenerse en cuenta a la hora de hacer proyectos. Por un lado, explicas las cosas en su contexto. Jonathan (el hermano contratista) explica lo que ha hecho y por qué es importante (del tipo, hemos puesto una isla en la cocina con vistas al salón para que puedas ver a los niños mientras cocinas).

La segunda y más importante, es que el resultado no es “la casa y la reforma”, sino el hogar. La sensación de tener algo que se ajusta a lo que soñabas, la satisfacción de haber logrado lo que imaginabas y no la suma de las partes. Este último punto es uno de los elementos más complejos en el mundo de la consultoría, cuando hay un desajuste entre alcances, entregables y expectativas. Evidentemente, no es un trabajo que puedas dejar para el final. Como hemos dicho, Drew enseña desde el principio lo que cuesta lo que se quiere hacer (fija la expectativa) y Jonathan  va explicando qué puede o no puede hacer. Sin embargo, no creo que el programa tuviera tanto éxito si dejaran la obra terminada, soltaran las llaves y se fueran una vez terminado el tiempo y el presupuesto.

La satisfacción no es algo racional, sino emocional, y lo que valoras es el conjunto, no los elementos. Pero eso es algo que, como la reforma, se ajusta con un trabajo de todos los días.

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