gente votando analógicamente
gente votando analógicamente

La absoluta racha electoral en España de los últimos años, junto con la repetición de las elecciones generales en 2016 han puesto otra vez el debate el voto electrónico. De hecho, en los días posteriores a las elecciones generales del 26 de junio, parte de este debate ha venido acompañado con las dudas de una parte del electorado (no parece mayoritaria pero si ruidosa) de la legitimidad del proceso (no lo enlazo porque no me gusta der aire a las conspiranoias). Así que, agarrando un poco ambas cosas, quiero plantear aquí una pequeña reflexión sobre el voto electrónico y lo que significa.

¿Por qué hay gente que quiere voto electrónico?

El voto electrónico ha ido creciendo, evolucionando y tratándose en Europa desde casi la aparición de Internet si no antes. Mientras que en otros países la integración de la tecnología y el voto ha tenido diversos equilibrios basados mayoritariamente en una parte electrónica certificada por papel, la idea de los principales defensores de este modelo es digitalizar todo el proceso.

Los argumentos a este modelo de voto electrónico no faltan.

  • Es barato: Montar unas elecciones es costoso en infraestructura y personal (policias, jueces, personal de los centros de voto, los ciudadanos que conforman mesas y juntas). Una parte de ese sistema se puede ahorrar.
  • Rápido: Las noches electorales son emocionantes y los recuentos tediosos. Recontar los votos al momento al menos reduciría el momento de sufrimiento (y los juicios precipitados basados en sondeos) de los partidos
  • Es moderno: lo electrónico es moderno y lo moderno, gusta.
  • Faciltaría el voto: En un mundo en el que la se toma como un hecho que la lluvia o el buen tiempo influye en el voto, poder hacerlo (en algún momento) telemáticamente debería reducir esa abstención “por pereza”.
  • Elimina el error y la manipulación humana: Los ordenadores cometen menos errores (supuestamente) por lo que sería más fiable el resultado.

Estos son los principales argumentos, algunos utilitarios, otros económicos y otros finalistas, que justificarían este cambio.

¿Por qué mantener el voto presencial?

Sin embargo, antes de valorar estos argumentos del voto electrónico debemos hacer una breve recapitulación del voto “físico” o en papel. Entre ellos destaca.

  • Elementos de cultura política: El voto tiene un efecto de visibilización de la comunidad política. Aunque no soy un tipo muy de simbolismos, debo reconocer que es una de las pocas veces en las que la población puede tomar conciencia de que forma parte de una comunidad con los mismos derechos y obligaciones, algo más en relieve en los tiempos de desestructuración e individualismo social.
  • El sistema de checks and balances. En el sistema acutal existen dos elementos fundamentales de control: las juntas electorales y los propios ciudadanos a través de los partidos políticos. La selección por sorteo de los miembros de las juntas, la participación del poder judicial validando los resultados, la junta independiente (también por sorteo) acerca de los temas en conflicto hacen que el control del sistema por una parte sea extremadamente complejo. Sin querer entrar en los pormenores del sistema, lo que lo  hace costoso es lo que hace que sea difícil de controlar. A esto le debemos añadir el control externo que realizan los ciudadanos a través de partidos políticos y que permite (si cuentan con el personal suficiente) reproducir de manera independiente el recuento centralizado del Ministerio del Interior (y que parecen olvidar los apostoles de la conspiración).
  • El control a lo largo de todo el proceso: Con tanta gente implicada es extremadamente dificil generalizar irregularidades. Pueden existir puntuales, e incluso ser grandes (acarrear personas a votar sin estar en plenas facultades), pero el efecto de estas, en caso de realizarse está muy difuminado.

El sistema de voto y escrutinio es realmente eficaz por pura curación del modelo. Cientos de años de fraudes electorales y manipulaciones han creado un sistema bastante estable, aunque, hay que reconocerlo, es costoso, feo  y, en ocasiones, muy incómodo.

¿Qué problemas tiene el voto electrónico?

Visto esto, ¿es el voto electrónico tan bueno como parece? ¿Mejora lo que ofrece el mecanismo tradicional? ¿Supone nuevos problemas?

En primer lugar, vamos a señalar que, desde la experiencia del marketing digital, y creo que en esto está todo el gremio:

nunca va a haber nada tan fácil de hacer que convenza a alguien de hacer lo que no quiere hacer.

A  falta de tener pruebas, creo que el impacto en la abstención del voto electrónico telemático sería muy minoritario. En el campo de la analítica digital subir un solo punto de conversión a gente que quiere comprar un producto supone horas (meses) de trabajo, y aún así, asumes que teniendo la mejor web solo va a comprar quien está muy implicado con la venta. Como mucho puedes darle argumentos que le motive a hacerlo, pero realmente creo que tras meses de campaña quien no vota no lo hace por que llueva o el colegio pille lejos, sino porque no se siente llamado por la oferta.

De la modernidad no quiero opinar, pero teniendo en cuenta el éxito del DNI electrónico y el certificado digital como elementos para validar la identidad, el término moderno no me viene a la cabeza.

Sin embargo, el gran problema es la seguridad del proceso. Un sistema electrónico (y más si es electrónico en su integridad), abarata los costes, pero lo abarata en el sistema que securiza el proceso de escrutinio. Con un voto electrónico nos podemos ahorrar presidentes, vocales e interventores (o reducirlos drásticamente), dejando toda la responsabilidad en el sistema electrónico (con o sin elementos de control de papel) y pasando por uno o varios puntos centralizados de almacenamiento de los datos. ¿Qué significa esto? Que se puede cambiar el resultado sin tener nada que pueda reconstruir el resultado real. De hecho, es muy posible que en un sistema sin contraprestación en papel que alguien se pudiera dar cuenta de que los resultados han cambiado (son múltiples los hacks en los últimos años de los que hemos sabido por el azar, por que lo han reivindicado, o que, simplemente nunca sabremos si se ha realizado, como ocurrión con Heartbleed). En el caso de que esto ocurra, y si tuvieramos la suerte de localizar este posible fraude, lo más que podríamos saber en un sistema electrónico es saber qué ordenador ha realizado el fraude…. y ya.

Evidentemente, existe la posibilidad de optar por un sistema mixto en el que concurran, como pasa en EEUU, papel y voto electrónico, de manera que el segundo validara el primero. Sin embargo hay que tener en cuenta que una vez que se anuncian unos resultados “incluso de manera no oficial”, dar marcha atrás en un recuento es enormemente complicado, como puede  certificar Al Gore.

 

Entonces, ¿voto electrónico si, o voto electrónico no?

Desde mi punto de vista (y esto es una opinión personal) no. Desde luego, siendo este mi blog, dedicado al tema tecnológico, podría parecer lo contrario. Sin embargo, el sistema de voto tradicional, siendo costoso e incómodo es altamente eficaz y dificilmente mejorable, haciendo lo que tiene que hacer: permitiendo votar a la mayoría de los ciudadanos minimizando el riesgo de fraude. El coste, siendo importante, me parece un elemento muy secundario.

Puede que algún día el voto electrónico pueda hacer esto en mejores condiciones, pero, en la actualidad, no me ofrece garantías de hacerlo ni la mitad de bien en lo esencial.

 

 

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