El niño que trae las noticias de octubre. Fuente

El niño que trae las noticias de octubre. Fuente

Pues ya casi ha pasado un mes y el mundo sigue en pie tras los cambios en el procedimiento administrativo. Para ser sinceros, tampoco acabo de notar que todo se haya vuelto digital. Las Leyes 39 y 40 no hacen más que abundar en el “zeitgeist” de la transformación digital. Así que veamos qué es lo que nos ha traído este més de interesante desde los aspectos más concretos y filosóficos.

El futuro ya está aqui.

Como decía, las leyes 39 y 40 han entrado en vigor a principios de mes. Había un aire de que “no se iba a llegar a tiempo” y muy posiblemente sea así en la mayoría de los casos. Esto no significa que sean los casos más importantes o masivos, pero muy posiblemente, sí los más. Dicen los mentideros que gran parte de los pequeños municipios no están listos, aunque no por falta de voluntad.

Hemos tenido un año para prever el cumplimiento de la ley. Sin embargo, cualquiera que conozca estos procesos, sabe que es un plazo ridículo para hacer los cambios necesarios.

En mi opinión, aunque lo que Ley hace es necesario, dista mucho de ser el motor de cambio para la Administración. La Ley es, ni más ni menos, que el marco de la acción pública. La administración del futuro es un contrato (como diría Israel Pastor) que se construye en la vida cotidiana de ciudadanos y organizaciones. Borja Colón ponía el acento (antes de la entrada en vigor de la Ley) en el imprescindible componente humano y en lo que supuso la difunta ley 30/92.

La aspiración de arramblar con todo que hacen la leyes va a encorsetar, en muchos casos, esta relación. Se exigen requisitos imposibles o insuficientes. En ocasiones serán las dos cosas a la vez como señala Andrés Boix en este post sobre las notificaciones. No sólo es que el sistema sea poco eficaz y, como mínimo, igual de insuficiente que las notificaciones en papel. Es que el planteamiento obligatorio por una de las dos como norma general posiblemente parta de premisas no válidas para el mundo digital.

Construyedo la contratación.

Un poco a colación de esta enorme mudanza, he podido observar un par de posts sobre la contratación (a parte del que escribió aquí Guillermo Yañez). La contratación es un proceso complejo que tiene que integrar, además de sus requisitos técnicos, una importante cantidad de garantías. Su uso como elemento de relación Administración-empresas ha servido para tratar de impulsar la sociedad de la información. Posiblemente sea de los procesos que sufre más estrés normativo para la adaptación digital que manifiesta parte de las contradicciones de estos tiempos. La gente de Contratación Pública Electrónica hace un breve y acertado compendio de estas contradicciones.

Sin embargo, donde hay estrés, también hay respuestas. El dinamismo de los profesionales de la contratación está generando respuestas interesantes. A través de múltiples foros cualquiera puede ver el ritmo con el que se intercambian prácticas, ideas, preceptos y demás.  Gullermo Yañez nos habla del proyecto Wikicontratación del Minetur. Muy posiblemente este caso, como las múltiples comunidades como la de Novagob, hacen más por el impulso de la transformación digital que el encuadre normativo actual.

Comprendiendo al usuario.

La clave de tener una mejor administración no será tanto lo que la Ley prevé, como poner al ciudadano en el centro de la acción pública. En eso no creo que las leyes estén haciendo nada en especial. Tampoco es su cometido. La relación entre ciudadanos y administración se construye desde la comprensión. Antonio Ibañez nos cuenta su experiencia de como la Junta de Castilla y Leon ha impulsado un test de usuarios.  Este proyecto está encaminado especialmente a la accesibilidad, tema fundamental para la igualdad efectiva. La experiencia no sólo transformará para bien la web de la Junta de Castilla y Leon, sino que, además creará un conocimineto reutilizable para otros casos. Craig Thomler aboga por el uso de especialistas senior en estos procesos para dinamizar la transformación digital.

Automatización.

Porque el futuro nos trae una relación ciudadanos-administración esencialmente digital. Ess de prever que una parte muy importante será automatizada. Sin embargo, esta automatización no puede prescindir del componente de diálogo humano. Tendremos sobre la base digital más comunicación y, en gran medida, esta se hará de manera automatizada. Esto ya lo vemos mucho en el sector privado con la creciente eclosión de los bots, que antes o después irán asimilando las Administraciones. Esta tecnología facilita la gestión rápida de relaciones “previsibles” entre organización y ciudadanos, como cuenta Tristán Elósegui. Pero antes de esto es fundamental tener un conocimiento profundo de la ciudadanía. Este proceso si que ha tenido algunas experiencias de éxito en el sector privado de las que se puede aprender.

Así que la ley cambia el marco, pero el cambio lo hacen las personas, aprendiendo de lo que esperan otras personas.

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