La participación es más que las urnas
La participación es más que las urnas

A lo largo de la vida de este blog hemos hablado básicamente de las páginas de servicios públicos, bien sean estas de información, de servicios o de trámites. Tratamos en su día el tema de la participación ciudadana a raíz de la página del presupuesto participativo de París. Sin embargo, sin ser la participación un servicio público, desde luego debemos estudiar el funcionamiento de los sitos web destinados a esta finalidad: los tipos, fundamentos, objetivos y prosibles problemas, de manera que podamos sentar unas bases para su análisis. A fin de hacer algo operativo vamos a centrarnos exclusivamente en sitios web destinados a esta finalidad, excluyendo tanto otros mecanismos de participación digitales (como las redes sociales) como la participación que puedan permitir otro tipo de webs públicas (como los debates en sitios de servicios o los apartados de sujerencias)

Que son y qué precisan los sitios de participación.

Acotemos que un  sitio de participación ciudadana es una web que está destinada a que los ciudadanos de manera agregada puedan tomar parte en las decisiones políticas de un gobierno. Esto significa que no se limita a informar sobre un proceso, o que permite algún tipo de participación no agregada o con las reglas poco definidas. Se trata de estructuras digitales específicamente diseñadas para que los ciudadanos comuniquen su voluntad.  Para ello, los sitios tienen que:

  • Establecer un mecanismo de participación claro, común y estandar. Todo el que quiera y pueda participar lo puede hacer de la misma manera y en igualdad de condiciones
  • Tener unas reglas predefinidas, claras y transparentes: Es decir, el que participa no sólo sabe a qué atenerse, sino que, además debe poder reconocer que el resultado que se obtiene es legítimo.

Además de esto, las páginas tienen una serie de obligaciones específicas que han de tener en cuenta:

  • Motivar la participación. La participación no siempre es algo  de lo que se puede esperar en muchos casos utilidades individuales. Deben hacer un esfuerzo añadido  para covencer al usuario de que haga algo que, siendo deseable no siempre va a depararle ni el resultado esperado, ni una ventaja particular especialmente perceptible.
  • Explicar el funcionamiento: La participación ciudadana tradicional (las elecciones) están asentadas en su funcionamiento básico en el imaginario colectivo. En el caso de los sitios web tienen que explicar reglas que no son conocidas, que deben de ser claras en casos que son complejos. Por ejemplo, el ayuntamiento de París explica en un video el funcionamiento y utilidad del presupuesto en el que explica como se distribuye, crean las propuestas, atribuyen los votos, etc.
  • Disipar cualquier duda. La novedad, la suspicacia política y el recelo que provoca el mundo digital (posibilidad de manipulación del proceso, creación de usuarios o votantes falsos, votos de personas sin derecho a ello…) hacen que la participación sea desincentivada y que la legitimidad del voto esté fuera de duda. Si en comercio electrónico tienes que disipar dudas que pueda tener la persona más temerosa, en un proceso de participación tienes que disipar las dudas de la persona más malpensada.

Una vez tenemos esto claro, debemos distinguir dos tipos de sitios: los decisorios y los deliberativos.

Sitios de participación de tipo decisorio: vendiendo opciones

 

Este tipo de sitios es el más afin a la participación convencional: el ciudadano tiene una serie de opciones entre las que puede elegir para que se apliquen. En términos generales el funcionamiento del sitio es similar al del comercio: un visitante tiene unos recursos (votos) que le sirven para “comprar” entre una o varias opciones. De esta manera, el sitio web tiene que presentar al usuario las diversas opciones y sus características para que tome la decisión. Dado que se trata de elegir entre un conjunto de opciones, hay que tener claro que:

  • Los usuarios no tienen capacidad de cambiar, modificar o interactuar con esas opciones más allá de atribuir su voto
  • Quien presenta la opción es la plataforma en si misma y no elementos particulares (partidos o asociaciones), dado que eso convertiría al sitio en el otro modelo.

Eso sí, a diferencia del comercio electrónico, tenemos que considerar que la obligación del sitio no es vender una opción en concreto, o buscar una opción para cada tipo de público, sino que tiene que presentar las opciones de una manera lo más neutra posible para que el usuario decida la que cree mejor. Esto supone un punto de tensión importante porque el conjunto de las opciones tiene que ser atractivo, pero debe ser de una manera más bien uniforme y aséptica que no prime el interés de un tipo de público por su redacción.

un sitio de participación decisoria
un sitio de participación decisoria

Este problema afecta de manera directa a la editorialización de contenidos. Cuando alguien diseña un sitio de comercio piensa qué tipo de presentación tiene que hacer para que resulte atractivo para el perfil de público al que va destinado ese producto. En el caso de participación, el público es todo, y eso hace que la redacción pueda ser o bien impersonal, o bien, de manera deliberada o no, dirigida hacia un público en concreto. El problema no es solo que esto sea así, sino que en este caso algunas opciones tengan una presentación editorial más eficaz que otras, lo que rompe el equilibrio entre las opciones.

El ejemplo más claro es el Presupuesto participativo de París.

Las métricas:

El éxito de este tipo de sitios lo podemos mirar por  el número de votos realizados, el número de usuarios (de ahí obtendremos la conversión del sitio), y el total de la población que participa. Sin embargo, hay un indicador táctico fundamental como es el número de páginas consumidas por usuario, porque eso indica que la decisión ha sido tomada en la plataforma y no que se está trasladando la parte de información al propio sitio.

Sitios de participación deliberativa

Los sitios de participación deliberativa son aquellos en los que el ciudadano no tiene un número de opciones cerradas y predefinidas, sino que estas se generan, discuten, modifican, y apoyan por parte de los diferentes usuarios. Se trata de un modelo más parecido a las redes sociales en las que los usuarios generan en contenido, lo distribuyen y lo valoran. En este caso la consideración es:

  • La plataforma sólo alberga y modera el contenido. Quien lo presenta son particulares y la plataforma debe permanecer neutral (cumpliendo las normas) sin primar ni dañar la dinámica propia de la red.
  • Los contenidos se generan por los usuarios: Esto significa que están hechos por particulares y que, por lo tanto, pueden (y deben) ser discutidos entre iguales. En este caso, en los que la neutralidad editorial no es posible ni relevante, porque hay capacidad de responder, desmentir o matizar los contenidos presentados por el resto de los usuarios.

Estos sitios tienen dos grandes problemas. Por un lado el sitio se encuentra en un círculo tipo “el huevo y la gallina”. La gente tiene que entrar para participar, pero para ello tiene que haber opciones, para lo que tiene que haber gente. Esto hace que, al tener la institución un papel más pasivo-arbitral pueda generar desequilibrios en la participacion: solo poblaciones afines al medio digital o más movilizadas tomarán parte del debate, lo que hace poco representativa la deliberación.

un sitio de participación deliberativa
un sitio de participación deliberativa

El segundo problema, relacionado con este, es la propia viralidad de este modelo en la web. Dado que hemos puesto como ejemplo las redes sociales en cuyo crecimiento es fundamental la viralidad. Dado que este modelo se nutre de que los participantes reales inviten a su circulo de amistades a contenidos de interés puede, no solo aumentar ese sesgo de afinidad tecnológica, sino que, además puede hacer, como ocurre en las redes, la creación de grupos más o menos amplios de gente muy afín que tiene una participación en un núcleo muy concreto. Es lo que podríamos llamar la “balcanización” de la red: grupos que tratan temas cerrados con una opinión muy similar que no tiene interacción con otros grupos que tocan temas similares con puntos de vista encontrados. Por poner un ejemplo: si hay un grupo animalista contrario a los toros, y un grupo pro-taurino, que articula sus propuestas en el eje cultural ¿podrían encontrarse y tener un debate sobre el mismo tema en distintas áreas? La lógica diría que en un caso de intereses tan encontrados, los unos intentarían intervenir en la propuesta del otro, pero ¿y si el tema no es tan evidente? ¿y si se organiza la participación de manera que se evite que otros entren en el debate? Por ejemplo, los pro-taurinos se organizan para obtener los 53000 votos en un plazo muy corto de tiempo (como un ataque DDoS pero de votos orquestados para pasar rápido al debate de estudios).

 

A esto se suman otros problemas, a mi juicio menores, como el “troleo” del público contrario al proyecto cualquiera que sea el motivo, pero que puede ser reconducido por la administración del sitio.

Métricas de éxito:

serían el número de usuarios, y los ratios de participación de los diferentes grados: qué porcentaje solo lee, qué porcentaje vota, qué porcentaje propone, así como el consumo efectivo de contenidos.

Un ejemplo muy claro es el de la página Decide Madrid.

 

En todo caso hay que decir que, pese a que he destacado los posibles obstáculos en ambos tipos de sitios, esto no quiere decir que los sitios sean malos, sino que hay que tener en cuenta estos desequilibrios a la hora de diseñarlos, gestionarlos y evaluarlos. En todo caso, creo que la participación ciudadana es un proceso sin marcha atrás, así que no queda otra que hacerla lo mejor y más justamente que sea posible.

 

 

 

 

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