Daguerrotipo de niños con sus profesores.
Niños y niñas en un patio a punto de hacerse perrerías. Fuente

Recientemente Alberto Ortiz de Zárate escribió un enorme artículo sobre gestión del cambio. En él utilizaba lo que aprendió en EGB para afrontarla. Una idea que me gusta de este enfoque es que afrontar lo difícil solo requiere adaptar cosas que sabemos a las circunstancias. En todo caso, el artículo de Alberto era bastante optimista y explicaba cómo logró sobrevivir sin tener las condiciones más fáciles. Esto es normal, porque él es un tipo más sociable, abierto y optimista que yo. Mis años de instituto no fueron especialmente alegres. Sufrí cierto acoso escolar, aunque no era el peor parado de mi curso. Así que hablaré de algo que creo que se parece bastante a lo que vivi: laresistencia al cambio.

No es una expresión que me entusiasme,  pero si que denota cierta realidad. Existen comportamientos que se salen de la jerarquía y las normas oficiales que configuran una arena en la que las reglas del juego, al no estar escritas, son bastante duras. Así que os voy a contar 9 cosas que aprendí sobre el acoso escolar y que creo que se aplican a cambiar algo en una organización.

Toda agresión (o resistencia al cambio) es una muestra de poder.

Lo primero que hay que decir es que el acoso y la resistencia al cambio son fenómenos derivados de una situación de poder. La elite social de mi colegio necesitaba mostrar su superioridad sobre la vida y la muerte de los demás: quien se resiste al cambio necesita mostrar que está por encima de éste. Puede existir un interés objetivo (como disfrutar de mayor discrecionalidad a la hora de hacer un trámite), pero el auténtico problema de fondo es tener una amenaza al poder. Esto implica dos cosas:

  • siempre es arbitrario. Da igual lo grande que sea, lo importante es que le cambies las cosas a esa persona.
  • siempre se necesitan testigos. Sea un corrillo de fieles en el patio, o sean los compañeros de la pausa del café, se necesita que alguien presencie ese poder.

El poder más arbitrario es el que no está regulado

El mecanismo del acoso y el de la resistencia al cambio tienen una mecánica oficiosa. Evidentemente, nadie nombró al grupo elitista de mi curso los más guays. Tampoco las personas que confrontan el cambio tienen posiciones jerárquicas, esos tienen sus instrumentos. Esto hace estas estructuras muy difíciles de combatir. ¿A quién me quejaba cuando el bullying era (y aún sigue siendo) cosas de críos? No hay manera de proceder “limpiamente” contra un poder oficioso porque no existe. Esto significa que no hay unas reglas ni límites claros.

La agresión (o resistencia al cambio) solo es posible si el poder oficial la permite

El acoso y la resistencia al cambio son dinámicas estables. Si no lo fueran, serían superados. Esta estabilidad solo es posible  con la indiferencia del poder oficial. No quiero decir que los profesores animaran (necesariamente) a marginar a los alumnos débiles, o que el responsable de un departamento gubernamental sabotee un plan de modernización de un colaborador suyo. Sin embargo, si tomaran cartas en el asunto, el problema se acabaría. El problema no está en que no sepan o no puedan hacer algo, sino que no consideran que en sus funciones u obligaciones esté actuar en esa situación. Esto puede ser simplemente ignorando, o dejando más o menos claro, que no se hará nada.

Todo el mundo necesita seguir adelante.

La mayoría de la gente suele hacer una valoración: estar con quien cobra o quitarse de en medio. Ser de los que hacen el cambio, o ser de los que lo frenan. Normalmente, la gente teme bastante las sanciones sociales, así que es bastante posible que prefieran estar en el grupo de los que frenan el cambio, o al menos no enfrentarse. ¿Cómo hacer esto? Algunos, incluso, se suman al asunto por supervivencia. Si hay alguien más débil, ya no soy el más débil. Si estoy con los tipos que impiden el cambio, no tendré problemas con ese grupo. Esto genera una dinámica: primero riendo las gracias y luego repitiendo actitudes similares para mostrar que es del mismo grupo selecto. Así que el silencio, el apoyo tácito al renuente, o incluso, sabotajes similares son, en muchos casos, actos de supervivencia social de quien lo ejerce.

Quien te agrede (o se resiste al cambio) te hace daño: quien se calla, te roba la esperanza

Quien te está acosando, o quien está parando el proyecto son “el adversario”. No esperas de ellos ningún cuartel.  Sin embargo, hay gente que sabes que simpatiza contigo, que te da la razón y que, aún así, se calla ante los demás. A mi este grupo me generó más dolor: al verlos callar asumías que no había ninguna posibilidad de salir de esa situación. Nadie te iba a defender, estás solo.  Si, ni siquiera quien está de acuerdo contigo se pone de tu lado (quizá por miedo o por comodidad), ¿quién lo va a hacer?

Si no fueran las cosas difíciles no encontraríamos aliados estupendos.

 Al final, por pura supervivencia, acaba uno en el cul-de-sac social del instituto (o de la organización). Es decir, acabas siendo amigos gente que no está en la elite social. Igualmente, te encuentras solo (o poco acompañado) intentando hacer un cambio importante. La compañía y las amistades que haces en estas circunstancia es muy sólida.

De los amigos que hice esos años, mantengo relación con todos o casi todos ellos después. Muy posiblemente  no hubiera encontrado a estos amigos si mi adolescencia hubiera sido otra. La complicación te lleva por caminos buenos que no son los que esperabas.

Puedes aparentar, pero nunca serás feliz

Por un motivo o por otro, hubo un momento en el que encontré que ciertas cosas aumentaban mi “aceptabilidad”. En mi caso fue que podía beber más que la mayoría de mis compañeros (lo que me hacía “molar”). Esto hizo todo más vivible, incluso me dejaban ir con ellos de botellón. La cuestión es que la situación era tolerable pero no me hacía especialmente feliz: sentía que me estaba fallando a mi mismo. Puedes cambiar, negociar y adaptar lo que propones para que todo acabe o el conflicto sea menor. La situación será más vivible, pero hay que saber cuándo dejas de ser tú porque, cuando lo haces, dejas de estar contento con lo que ello.

A veces tienes que asumir que hay batallas que sólo puedes ganar de puertas adentro

Por mucho que hagas, intentes gustar, cambies de actitud, etc. hay batallas que están perdidas. Antes de ceder, modificar o cambiar tu plan de innovación piensa si tiene sentido hacerlo sin ningún contenido. Si tienes que hacer algo más pequeño, o simplemente pensarlo de otra manera, hazlo.  Hay veces que la resistencia es tan grande que nada de lo que hagas va a servir para llevar adelante tu proyecto. Conténtate con llegar hasta donde puedas, pero no renuncies a tu idea inicial.

Muchas veces el cambio viene por cosas más grandes que las tuyas.

El final de la película para mí fue que ciertos acontecimientos personales hicieron que la aceptación social en el colegio pasara a no importar demasiado. Unos años después apareció internet y todo cambió. Ahora me encuentro que muchos de los que entonces me marginaban por que me gustaran las pelis de Star Wars, o los ordenadores, adoran ambas cosas. Simplemente, lo que antes era algo “vergonzoso” ahora es lo más. Yo no he hecho nada, pero ahora posiblemente yo estaría en un discreto segundo plano escolar.

La lástima es que siempre habrá alguien que moleste lo suficiente a quien no quiere renunciar al poder que tiene haciendo difíciles las cosas. Sin embargo, la auténtica derrota es dejar de hacer las cosas sólo porque resulta molesto a otras personas que no son mejores que tú.

Sergio JimenezOpinióntransformacion digital y estrategiaRecientemente Alberto Ortiz de Zárate escribió un enorme artículo sobre gestión del cambio. En él utilizaba lo que aprendió en EGB para afrontarla. Una idea que me gusta de este enfoque es que afrontar lo difícil solo requiere adaptar cosas que sabemos a las circunstancias. En todo caso, el...El blog de Márketing digital para Organizaciones Públicas