Mostrador de casquería humana

Mostrador de casquería humana.    Fuente

Alberto Ortiz de Zárate es una de esas personas que no paran de moverse buscando cosas nuevas que hacer y, además, hacerlas bien. En su experiencia como empleado público, directivo público y ahora consultor ha ido siempre pegado a la innovación, la calidad, la tecnología y el gobierno abierto. Ahora intenta conquistar el mundo desde Alorza.net.

La estepa más fría del país engendra apóstoles de la vida dura, atletas del sustento ganado con esfuerzo. Así era la tía Leonor, en cuya casa mi madre, cuando niña, ayudaba de vez en cuando. Hiciera lo que hiciera -barrer, recoger la casa, encender la lumbre- a tía Leonor siempre le parecía que no se había empleado con suficiente intensidad. Su frase, emitida con voz tonante, ha quedado como un adagio imborrable en mi familia: “muchacha, hay que hacer las cosas con hígado, no con melsa”.

Aunque he tardado muchos años en aprender que “melsa” equivale a “bazo”, nunca tuve duda sobre el significado de la frase. Hay dos formas de hacer las cosas: la más habitual, con desidia, pereza y simple intención de cumplimiento formal, esto es, con melsa, frente a otra extraordinaria, con dedicación y ganas, con compromiso de que el resultado sea excelente, con todo el hígado.

Los años han pasado y encontramos a las Administraciones públicas en la perenne última oportunidad de transformación. Bueno, en realidad nuestras Administraciones funcionan francamente bien en líneas generales, especialmente en aquellas áreas que constituyen el núcleo del Estado de derecho. Aún así, urge que se adapten a los recursos y los retos actuales, para no perder su utilidad social. Y nos preguntamos: ¿lo están haciendo con hígado o con melsa?

Seguramente la pregunta es injusta y la respuesta, imposible. Cada Administración -cada Ayuntamiento, Diputación, Comunidad Autónoma, cada agencia pública y cada Ministerio- procede con diferente intensidad, en diferentes momentos. En esta evidente disparidad ya encontramos una primera respuesta: cada institución avanza a su aire, sin una efectiva coordinación. No tenemos un pelotón ciclista, sino un rosario de escapados, varios grupos de perseguidores y un notorio vagón de cola.

Ahora mismo, de manera sangrante e inconcebible, muchas Administraciones se han acostumbrado a no cumplir los preceptos de las Leyes que les aplican. Destacan dos leyes cuyo incumplimiento abunda:

  • Ley 19/2013 de Transparencia, Acceso a la Información Pública y Buen Gobierno;
  • Ley 39/2015 del Procedimiento Administrativo Común de las Administraciones Públicas.

En este artículo, empero, no vamos a mirar ahora a las que incumplen flagrantemente, sino a las que cumplen con melsa, con desgana. Que nadie se ponga nervioso: no vamos a señalar culpables, sino sólo síntomas. Para ello imagínese por un momento que es usted, por ejemplo, concejal de un área de innovación pública, modernización, gobernanza…, en fin, de las materias  que implican transformar la institución desde una posición transversal. En esa posición, le propongo una lista corta de programas, con un par de tareas cada uno, que usted debería estar ejecutando, de acuerdo a las leyes y al estado actual del arte.

1. Transparencia pasiva:

  • Formulario en sede electrónica para recibir peticiones de información.
  • Gestión de expedientes de solicitud de información pública.

2. Publicidad activa:

  • Publicación de un portal de transparencia con enlace a ítems obligados.
  • Adaptación al índice correspondiente de Transparencia Internacional.

3. Procedimiento administrativo digital:

  • Registro de entrada 100% digital.
  • Flujo de documentos 100% digital.

4. Participación ciudadana:

  • Habilitar una plataforma para subir propuestas y votarlas.
  • Gestionar la presencia en redes sociales.

5. Ciudades inteligentes:

  • Sensorizar la ciudad
  • Construir un panel de control para gestión smart de la ciudad

Pues bien, si usted estuviera abordando esta lista –y sólo esta lista– de programas y tareas, ¿estaría innovando con hígado o con melsa? Hágase la pregunta, por favor.

Probablemente usted reconozca que esta lista de tareas es, de por sí, bastante retadora. Muchos nos daríamos con un canto en los dientes si pudiéramos mostrar un cumplimiento aceptable de los cuatro primeros programas, ¿verdad?. Sin embargo, si esta es toda nuestra lista de objetivos, afirmo, señoras y señores, que estamos innovando con melsa, sin compromiso con los resultados.

Debo aclarar que, probablemente, no podamos prescindir de la mayor parte de las tareas de la lista, sino que tendremos que construir con miras más altas a partir de estos cimientos. Humildemente ofrezco algunas pistas de cómo redefinir estos programas con todo el hígado.

1. Transparencia pasiva

El derecho de acceso a la información debe entenderse como un caso particular de un sistema de atención ciudadana bien diseñado y puesto en marcha. En ese contexto, recibir pocas peticiones puede llegar a ser un síntoma positivo, ya que el objetivo no es resolver muchas peticiones, sino facilitar el acceso a toda la información. Cuanto más fácil sea acceder a la información, menos peticiones deberíamos recibir. Concentrémonos en eso, sin dejar de resolver con eficiencia las peticiones que lleguen.

2. Publicidad activa

Nuevamente, hay que entenderla en el marco de un bien mayor: la rendición de cuentas con implicación de la ciudadanía, para la mejora de los servicios públicos y el enriquecimiento democrático. Es vital desplegar la hoja de ruta de la transparencia, con una incidencia que se proyecta más allá de la mera publicación de los ítems de transparencia obligados, para pasar a ofrecer (a) datos reutilizables, (b) infografías interactivas y didácticas, (c) seguimiento de los proyectos y evaluación de sus resultados y, por fin, (d) un acercamiento a grupos ciudadanos a los que implicar en la auditoría de políticas y servicios públicos.

3. Procedimiento administrativo digital

Tal como se ha dicho mil veces, la clave de la Administración electrónica no yace en la digitalización de los trámites actuales, sino en la transformación a sistemas radicalmente más eficaces. El mejor trámite es el trámite que no hay que tramitar. Con sus notables excepciones, produce enorme desasosiego observar los trabajos de amor perdidos de tantas Administraciones, en lugar de promover una plataforma compartida de interacción como interfaz a procesos rediseñados de manera ciudadanocéntrica. El trámite digital debe parecerse a Amazon más que a Der Prozess.

4. Participación ciudadana

¡Vade retro! Casi mejor si nos olvidamos de este término tan borrosamente polisémico y nos concentramos en (a) auditoría social a partir de rendición de cuentas, (b) deliberación ciudadana para la determinación de prioridades de las políticas, (c) codiseño de soluciones públicas, (d) colaboración en la creación de valor público, (e) mapeo de iniciativas ciudadanas y fortalecimiento de redes existentes. El modelo LUDO puede servirnos de referencia (pdf).

5. Ciudades inteligentes

Debemos reflexionar mucho sobre los “para qués” de la sensorización, del big data, del sentiment analysis, de los tableros de gobernanza en tiempo real y demás pirotecnia asociada. Reflexionar y volver a reflexionar. Pensar en cómo abrir los procesos y los beneficios de estos proyectos a colectivos de ciudadanos y huir de la smartización como construcción de un panóptico donde sólo el Alcalde y su equipo toman decisiones inteligentes. El reto es construir ciudadanía inteligente. ¿Cómo se hace esto? Paso palabra a quien tenga mayor conocimiento.

Espero que estas notas sirvan de inspiración o, al menos, de provocación para un buen debate. En todo caso, tenemos que ponernos manos a la obra, con todo el corazón, el hígado y el alma, para que no venga tía Leonor a darnos un capón porque que estemos innovando con melsa.

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