la portada de El Marciano sin Matt Damon
la portada de El Marciano sin Matt Damon

Este verano en lugar de leer temas de trabajo, me he tomado la licencia de leer El Marciano. Las recomendaciones enérgicas de familiares vencieron a la pereza de leer un best seller. El libro me gustó bastante, no he visto la película, y me lo he pasado bien. Sin embargo, para mi la diversión no estaba tanto en la supervivencia como en la gestión del rescate. Lo más interesante es cómo en esta obra la transparencia y la comunicación se convierten en el motor “terrestre” de la historia. A través de la lectura del libro se plantean temas sobre comunicación y transparencia que realmente no estamos acostumbrados a tratar de esa manera.

Esta entrada no tiene espoilers sobre detalles concretos de la trama. No obstante,  habla un poco del escenario organizativo en el que se desarrolla la novela.

La transparencia como telón de fondo.

En el mundo futurista de El Marciano la transparencia es el marco de acción de la NASA. Toda comunicación, imagen o información de la agencia se tiene que publicar en pocas horas. Esto no afecta tanto al circuito de comunicaciones en la tierra como a las que corresponden a la misión a Marte. Es decir, un proyecto aspiracional para la humanidad de miles de millones de dólares rinde cuentas abiertamente.

Esta comunicación contínua supone una serie de limitaciones en toda la historia. Por un lado, la preocupación por la reacción pública es algo presente en cada momento. Por el otro, la vida cotidiana y las conversaciones de los personajes se ven condicionadas por ese escrutinio.

La opinión pública como motor de la decisión.

Desde los primeras escenas que se desarrollan en la tierra, el peso de la opinión pública está presente. La responsable de prensa de la NASA toma un papel activo en la mayoría de las reuniones. Del mismo modo, el equipo técnico de la operación tiene que participar en comparecencias públicas a menudo.

En todo caso, la reacción pública forma parte de los elementos que inciden en las decisiones. Si hacemos o no hacemos algo, la reacción pública será favorable es una letanía recurrente. Sin embargo, a diferencia de lo que vemos en el mundo real, en este caso podemos entrar en el razonamiento de la organización. En varios episodios la decisión que podría ser la más correcta técnicamente puede no ser la más “vendible”. Del mismo modo, no siempre la opción más “vendible” es tan simple como puede entender el público. Que una decisión suene “más bonita” no siempre se corresponde con que si el escenario no es mejor en todos los casos. Una opción u otra de rescate pueden sonar mejor pero los resultados en caso de fracaso pueden ser catastróficos. Y, normalmente, la opinión pública no piensa en el fracaso.

La cuestión es que la opinión pública es un actor más, pero no tiene por que ser quien toma la decisión. Hay consideraciones técnicas, políticas o éticas que corresponden a los especialistas.

 

Esporádicamente, la trama tiene un viaje a China. En ella, la Agencia Espacial China se encuentra en unas condiciones casi antagónicas. Sus trabajos, protegidos por el secretismo del gobierno chino, sólo se conocen vagamente. Si la transparencia y la opinión pública influyen en las decisiones como un factor “no técnico”, su falta debería ayudar a tomar decisiones tecnicas ¿no?

En el caso de la falta de transparencia, tampoco es que la decisión sea más aséptica. La falta de contrapesos públicos y de transparencia beneficia a la burocracia y a las instancias de poder.

 

La transparencia y la vida cotidiana.

Las conversaciones del protagonista con el centro de operaciones se publicarán salvo mensajes privados. Como si se tratara de una metáfora, Mark (el Marciano) pasa bastante de que se conozcan sus diálogos. En parte, supongo, que porque en la pirámide de Maslow, la vergüenza queda muy lejos de la supervivencia. Por otro lado, es consciente de que posiblemente su situación esté provocando una importante repercusión que a él, personalmente no le influirá para sobrevivir. De hecho, como si fuera un adolescente, se dedica en varias conversaciones a trolear las comunicaciones (lo que es un alivio cómico gratificante). Sin embargo, el dasrrollo de la novela hace que posiblemente esto sea poco grave.

En todo caso, esta circunstancia ya es una realidad. En el caso de Bankia, la filtración de los correos electrónicos de los inspectores del Banco de España han hecho casi más ruido por la forma que por el contenido. El toono de los correos resulta molesto para muchos, aunque basicamente el contenido es el que se espera de una inspección. Otra cosa es que esas observaciones cayeran en saco roto.

La transparencia total acaba (o acabará) condicionando las comunicaciones escritas en los trabajos.

Incluso, en ocasiones, las orales también (Como por ejemplo, cuando vemos a los futbolistas tapándose la boca para que no les lean los labios). No es que sea una situación insoportable, pero creo que nos debemos acostumbrar a un lenguaje más aséptico.

La gran enseñanza: la transparencia obliga a liderar la comunicación.

Sin embargo, la enseñanza más interesante de Marte es cómo gestionar una organización bajo la lupa. Como señalaba antes, la presencia de la directora de prensa en las reuniones es clave para la toma de decisiones. A diferencia de lo que vemos en muchos dramas políticos, no toma decisiones, sino ayudar a comunicarlas. Dentro de cada escenario, posibilidad, mensaje o circunstancia, ella ayuda a ver qué dudas puede genera y cómo generar esta tensión.

Aunque hablemos mucho de organizaciones opacas o incumplidoras, la transparencia no es algo que podamos evitar. Hoy  en día o eres transparente, o acaban haciéndote a la fuerza (como ocurre en el Banco de España). La diferencia está en ser capaz de envolver esa transparencia con una estrategia de comunicación.

La transparencia ha venido para quedarse. Esto va a cambiar a las organizaciones tanto en su vida cotidiana como en la gestión de sus grandes eventos. Sin embargo, no es la opinión pública (o el miedo a ella) la que debe tomar las decisiones. Es cada organización quien debe hacerlo pero sabiendo que cada paso debe ser explicado y que no siempre sera apoyado. Nadie dijo que fuera fácil, pero tampoco lo ha sido en el mundo opaco con el que aún convivimos.

En resumen, leer El Marciano es divertido y podemos ver como gestionar la comunicación cuando todo el mundo te mira. Por eso, merece la pena.

 

 

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