Antiguo político pidiendo followers en youtube. Fuente.

Antiguo político pidiendo followers en youtube. Fuente.

Los últimos años hemos tenido resultados electorales imprevistos. No sólo es la victoria de Trump, del Brexit o del no al acuerdo de paz entre Colombia y la las FARC. El resultado de las elecciones en Egipto o Tunez, por ejemplo, han sido difícilmente entendibles en las sociedades que auparon la Primavera Árabe.  A lo largo de estos años, hemos buscado las explicaciones en los paradigmas clásicos del voto, especialmente al desapego por la crisis económica.

Sin embargo, en muchos de estos casos, no hemos encontrado tanto una ruptura de las clases más bajas o deprimidas, como un clivage que parece cada vez más evidente: las ciudades y el resto del mundo. Así que, sin que valga de precedente, voy a hacer un poco de análisis político, pero a partir del impacto de las redes sociales en la sociedad democrática. Y no, no vamos a hablar (solo) de las falsas noticias de Facebook.

La relevancia y el algoritmo.

Lo primero a considerar es que en la Sociedad de la Información actual vive del consumo del público. Cualquier negocio de contenidos (incluidas las redes sociales), viven de que la gente la use la mayor cantidad de veces y con la mayor frecuencia posible. Sea Facebook, Google, Twitter, la prensa, etc… todos ellos buscan audiencia. Hoy la audiencia se busca por la relevancia.

Desde el nacimiento de Google, la relevancia es el concepto nuclear en el mundo digital. No se trata de mostrar mucho contenido o muchas veces, sino de mostrar el contenido que más nos atrae. Para eso, cualquiera de estos negocios trabajan con algoritmos que se adapten a los intereses del público. Evidentemente, no hablamos solo de un algoritmo informático, este trabajo lo hacen los editores periodísticos habitualmente (o incluso nosotros en los bares).Las máquinas lo hacen más a lo grande y con mayor impacto. El internet actual no te enseña lo que buscas, te enseña lo que el cree que quieres encontrar para que consumas más contenido (o productos).

Premisas básicas de la relevancia.

En términos generales, el algoritmo básicamente lo que hace es clasificar los contenidos bajo unos parámetros, al público por otros, y procurar juntarlos lo mejor posible. Esto suena razonable, pero se basa en estas lógicas.

  1. El tipo de contenido más común tiene más visibilidad por pura probabilidad.
  2. Los contenidos más consumidos se muestran más a menudo.
  3. El público con intereses más alineados consumiará contenidos más afines a los mismos.
  4. La audiencia verá con más frecuencia los contenidos más afines y con menos frecuencia los menos afines.
  5. El público que consume más contenido es más proclive a generar más contenido.

A esto hay que añadir que la propia preferencia del público hace que el consumo de redes sea de enfoques más afines. Por ejemplo, una persona puede pasar el dia en Facebook sin ver una idea que le incomode. Esto va más allá, cuando se sustituyen los canales de información tradicionales por las propias redes sociales. En ese caso, no existe nungún tipo de responsabilidad, control, o verificación de las noticias, tal y como evidencian las noticias falsas en las noticias de las elecciones americanas. Es decir, tenemos un discurso más general visible para todos, pero, a la vez, múltiples discursos sectoriales muy diferentes que sólo ven determinados colectivos.

Centros y periferias digitales.

Ahora dejemos un poco la Sociedad de la Información para hablar de geografía política. A mediados del siglo pasado, el geógrafo político Jean Gottman elaboró su teoría de los centros y las periferias. La teoría en resumidas cuentas dice lo siguiente:

  1. Las sociedades políticas articulan su identidad sobre dos elementos: la iconografía y los flujos.
  2. La iconografía es el conjunto de símbolos y valores propios y endógenos que definen a esa sociedad.
  3. Los flujos son las interacciones y tensiones en las que entran en contacto diferentes elementos identitarios
  4. Existen “centros geográficos” están más sometidos a los flujos. Dicha apertura a los flujos hace que esa iconografía (o identidad) sea más flexible e inclusiva. Las periferias se mantienen más aferradas a los símbolos identitarios y son menos proclives a adaptarse a los flujos.

Lógicamente, en un sociedad más abierta a los flujos, es más sencillo que se generen valores postmodernos que permitan la convivencia de las personas que viven allí.

Esta fractura no es nueva. La tensión entre campo y ciudad, entre sociedad rural y ciudades simepre ha existido. Sin embargo, no hablamos de una separación tan geográfica de campo y ciudad como “cultural”. Podemos entender que lo que define en este entorno el centro y la periferia es la asimilación de valores “metropolitanos”, “urbanos” o similares. Esto no tiene una base geográfica, ni siquiera requiere un uso de los medios digitales, pero en los casos en los que no hay una identificación con ellos, el dominio digital en el discurso mediático profundiza esa frustración. El algoritmo, la relevancia, ha profundizado la brecha entre un colectivo más abierto al cosmopolitismo y otro más cerrado, más allá de las rentas. En este mismo contexto, nos podemos encontrar sociedades en las que los colectivos menos integrados económica y socialmente en general, directamente no participan en ningún tipo de acción política. 

No hablamos de ricos y pobres, ni de campo ni de ciudad, ni de mejores y peores. Hablo de que dentro de aquellos que tienen unas condiciones socioeconómicas más favorables a participar políticamente, hay un clivage cultural en el que la identificación con los medios y lo digital son lo que define la afinidad por una sociedad más o menos abierta.

Algoritmo, periferías y política.

Efectivamente, esta ruptura no es nueva, sino que existe desde la revolución inndustrial y las democracias liberales como mínimo. Sin embargo, anteriormente, el sistema tenía sus propios mecanismos de integración.

  1. Los medios de comunicación tenían un papel básico a la hora de recoger las demandas sociales y transmtirlas a las élites políticas.
  2. Los movimientos sociales recogen las presiones populares y las transmiten a las élites políticas.
  3. Las élites regionales y locales pretenden integrar las expectativas de las periferias en el sistema político.

La política en tiempos de la relevancia

¿Que en Twitter ha dicho qué? Fuente.

¿Que en Twitter ha dicho qué? Fuente.

Sin embargo, la relevancia en las redes sociales ha roto estos mecanismos clásicos de integración:

  1. Los medios de comunicación regionales pierden identidad en la aldea global. Personalmente, leo prensa regional todos los días. El mensaje de dicha prensa se ve muy difuminado por los temas de conversación en las redes sociales. Básicamente, esos medios, al menos en España, buscan audiencia en general, no necesariamente localizada. Tener una foto exclusica de Cristiano Ronaldo va a traer más audiencia (y dinero) que la última remodelación de carreteras.
  2. El uso de las redes sociales es básico para el éxito de los movimientos sociales. La profesionalización de la gestión de los movimientos sociales a partir de los modelos de Olson ha visto su primavera con las redes sociales. Un hashtag, una publicación viral, tienen posiblemente más impacto para entrar en la agenda que una manifestación multitudinaria. En este sentido, los movimientos más afines al público mayoritario (el de “centros”) tienen más visibilidad y posibilidades de entrar en la agenda.
  3. Las élites políticas regionales tienen cada vez menos poder para integrar intereses en la agenda. Básicamente, las políticas con base regional tienen cada vez más dificil triunfar en un  sistema social y económico tan dinámico.

Esto hace que el discurso político y mediático oficial tenga cada vez más arraigo en los centros, y esté más distante de la periferia.

La brecha digital ha sido tan terrible como esperábamos. Sin embargo, no se trata tanto de una brecha de acceso o de contenido, como de relevancia.

El algoritmo ha invisibilizado a una parte importante de la población de la esfera política y mediática.

La catarsis del enfado.

Tenemos, por lo tanto, un sistema en el que un colectivo tiene una enorme visibilidad y otros muchos no tanto. El problema no radica tanto en esa visibilidad, sino en la identificación que puedan tener las minorías con ese discurso. Podemos sentirnos poco interesados por la lucha contra el cambio climático, pero entender su importancia. Sin embargo, si esa proximidad o afinidad no existe, se da un importante desarraigo del sistema.

Este desarraigo no es un problema tan grande hasta que llega alguien y cristaliza esa frustración. El liderazgo de Trump, del Brexit, o de Marine Lepen no tiene tanto que ver con la pobreza como con la exclusión del sistema político. En todos estos casos el clivage no es tanto de las clases bajas, como de aquellas cuya visibilidad en las redes sociales y los medios de comunicación será menor. La falta de integración junto con la magnificación de las propias redes (quién no ha visto en el telediario algún viral de Twitter), y el desarraigo de los valores más visibles en esas redes genera un poso de frustración a explotar. Tenemos por lo tanto:

  1. Un colectivo de gente que no se ve identificado en los medios ni en la política mayoritaria, cada vez más influida por las Redes Sociales.
  2. Dentro de ese colectivo, hay grupos definidos que consumen un canal de noticias “paralelo” . Estas noticias no son necesariamente ciertas, pero que reafirma sus prejuicios contra el sistema.
  3. Una figura política que se arraiga al discurso identitario y explota la frustración de una población que no se ve representada Esto hace que esa población se movilice en favor de la candidatura que hace esto.
  4. Una orientación centrada en el mundo digital. Obviamos que hay una realidad o conjunto de realidades que son minoritarias de per-se o que no entran en el mundo digital, y que, sin embargo pueden ser en conjunto, muy numerosas.
  5. Un montón de gente tan metida en twitter, facebook, los medios de comunicación y la política convencional, que cuando se encuentra esto, mira con cara perpleja y dice “¿Cómo ha podido pasar?”

Muy posiblemente si alguien investiga comparando consumo de redes sociales y noticias en medios nacionales con los votos por Trump, el Brexit o Lepen, podría encontrar una correlación muy fuerte.

La política de las relevancias.

¿Significa esto que vamos a una espiral de radicalización del electorado “periférico”? No necesariamente. Creo que existe la posibilidad de romper esa dinámica dejando de pensar que más visibilidad y más público no significa necesariamente integrar a la sociedad. Los datos, las métricas, muestran una parte importante de la realidad, pero no toda la realidad. La función de la política es liderar e integrar la sociedad, y eso significa intentar llegar a aquellos colectivos menos visibles.

La política no puede cambiar fácilmente la evolución del modelo de negocio digital. Sin embargo, puede tenerla en cuenta para adaptar el modo de hacer política. Ese es el punto en el que creo que se ha fallado y en el que se debe actuar en el futuro.

 

 

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Los últimos años hemos tenido resultados electorales imprevistos. No sólo es la victoria de Trump, del Brexit o del no al acuerdo de paz entre Colombia y la las FARC. El resultado de las elecciones en Egipto o Tunez, por ejemplo, han sido difícilmente entendibles en las sociedades que...