Daguerrotipo de un panadero
El auténtico cocinero de la tarta que sirve para entender el blockchain. Fuente

Seguramente cuando leas esto ya habrás, este mismo día habrás oido hablar de blockchain. Es el término de moda. Desde luego, hace poco el reciente y buen artículo de Victor Almonacid sobre el tema ha tenido bastante (y muy merecida) relevancia. Sin embargo, aunque tengo una opinión en concreto sobre la materia, quiero explicar un poco como funciona la cosa. Porque, realmente, oimos hablar de bases de datos distribuidas, validación entre pares y todo lo demás, pero creo que no son términos del todo claros. Así que, a lo largo de los meses he ido depurando una explicación de cómo funciona. Creo que está bastante clara y la gente la ha entendido. Y es que he recurrido a lo otro que más me gusta: la cocina. Hablemos de blockchain para golosos y para torpes.

Confia en todos, es la mejor manera de no confiar en nadie.

Imaginemos que vives en un pueblo en el que hay una pastelería famosa en la región por su tarta de manzana. Todo el mundo la conoce y hace kilómetros para comerla. Un día, el dueño de la pastelería fallece y cierra. Y tú, que quieres montar el negocio, tienes un problema: necesitas conocer la receta de la tarta. Como la pastelería era bien grande, había muchos cocineros, pero sólo uno sabe toda la receta. Como tu quieres hacerte socio de ese cocinero y poner el dinero, el equipo de pasteleros hace como al final de Espartaco y se presentan como depositarios del secreto. Así que no hay manera de saber quién dice la verdad porque no conces la receta.

Así que sólo te queda una opción, probar la tarta. Podrías probarlas tú todas, pero no te fías demasiado, porque no eres muy bueno para los matices. Entonces tienes una idea: montas un concurso de tartas con un jurado popular. La gente probará la tarta e identificará la auténtica.

Asi que:

  • los que reclaman la operación:Los cocineros son
  • La transacción: La receta es la transacción
  • Los ordenadores: La gente del pueblo
  • los bloques: sus recuerdos sobre la tarta
  • La cadena: el concurso

Y repito, como no te fías, mejor comprobar.

Claro, como decía, tú quieres que haya gente participando en el concurso, y cuanta más mejor. Cuanta más gente haya, más rápido encontrarás la receta y es más probable que sea la real. Además, uno de los cocineros puede “sobornar” a un jurado pequeño, con poco dinero. Sin  embargo, si son muchos los que tienen que probar, ese cocinero se gastaría más dinero sobornándolos que el que ganaría con el negocio, así que para qué iba a hacerlo.

Así que das un premio: la persona que lo encuentre primero se llevará una gratificación, un premio.

Esto está muy bien, pero seguimos desconfiando. Por un lado, una persona puede decir que ha encontrado la tarta más pensando en llevarse el premio que en que sea la real. Como tampoco te fías de tu gusto, entonces lo que haces es que, cuando alguien diga que ha encontrado la real, el resto de la gente la va a probar. Si todos coinciden en que es la buena, se le da el premio. Si no, esa persona deja de participar y el resto vuelven al tajo.

Ya tenemos:

  • La seguridad: la validación por muchas personas a la vez, que hace poco rentable el soborno.
  • La prueba de trabajo (PoW): el que ha encontrado la tarta
  • La compensación: quien la ha encontrado, se lleva dinero
  • La validación: los demás tienen que probarla

 

La cosa se profesionaliza: minería de tartas

Sin embargo, cuando se entera la gente, hay dos o tres personas que quieren llevarse el premio. Pero claro son muchas tartas, y hay mucha gente probando, lo que le quita posibilidades. Entonces, se le ocurre una idea:

Va a la puerta del colegio y le dice a los niños que prueben la tarta. Ellos no pueden participar en el concurso, porque son menores. Sin embargo, le prometes una bolsa de caramelos al que gane el concurso. Así que nuestro “empresario” en vez de ir él, manda 20 ó 30 niños a probar tartas. De esta manera tiene más posibilidades de llevarse el premio. Sin embargo, este señor no ha pedido permiso a los padres de los niños y, además, entre las tartas y la bolsa de caramelos, los niños acabarán gordos y con caries. Esto es lo que podríamos llamar “minar tartas”

En este caso tenemos:

  • Equipos zombies o atacados: los niños.
  • Efectos negativos (ralentización de equipos y alto consumo de energía): Niños gordos y con caries.

Ir poniendo límites

Al final, todo esto del concurso se va de las manos. Hay demasiada gente, muchas tartas y niños. Todo el mundo quiere comer tarta gratis y, encima, tener posibilidad de ganar un premio. Así que tenemos dos problemas: no queremos niños gordos con caries. Además, mucha gente ha llamado al trabajo diciendo que estaba enferma para ir al concurso. Así que tenemos una serie de cuestiones (externas) que no acabamos de resolver:

  • Pensamos en cobrar una entrada al concurso, o invitar solo a gente relacionada con el turismo del pueblo (Prueba de dinero, o prueba de interés). Esta gente va a ser menos temeraria.
  • Intentamos evitar que entren niños “contratados” al concurso. Pero con tanta gente es difícil saber cuáles han ido con sus padres y cuáles no.

Es decir, si vas a por la tarta, posiblemente acabes llevándotela adelante. Otra cosa es que puedes generar externalidades negativas que te pueden importar o no. Esto es la célebre “burbuja” del bitcoin.

Y ¿a dónde vamos con esto?

Pues a tener un mecanismo rápido, bastante seguro y poco sobornable de comprobar que algo es auténtico, sin tener un intermediarios. Esta es la clave: el blockchain es simplemente un sistema distribuido de validación de entradas de datos. Puede parecer mucho o poco, pero es lo que de momento ofrece. Es verdad que si tenemos que dedicar menos tiempo a comprobar si algo es real, podemos hacer más cosas y hacerlas automáticamente, como señalaba Gerardo Bustos en este artículo.

En todo caso, sobre el futuro del blockchain en las AAPP ya hablaremos otro día.

Buen apetito.

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