Foto antigua de curandero ambulante.
Comercial de soluciones de blockchain para AAPP. Fuente

Como si fuera una peli romántica en la que la pareja protagonista asume que lo suyo es imposible. Así es como me siento cada vez que alguien habla de blockchain en las  Administraciones Públicas. Estamos en una época de blockchain hasta en la sopa. No voy a criticarlo, porque seguramente lo merece, pero me recuerda a esa frase de “The big bang theory”

Todo es mejor con bluetooth.

Y es que parece que todo es mejor con blockchain. No lo dudo. Artículos tan buenos como los de Gerardo Bustos, Victor Almonacid o Pedro Fernández, apuntan aplicaciones posibles y atractivas. Sin embargo, como en las pelis románticas, el problema no es del Blockchain, sino de la Administración. No es él, es ella, la que hace muy difícil (si no imposible) esta relación.

Aviso de prejuicio.

Empecemos dejando claro algo. Soy muy escéptico sobre casi todo lo que se convierte en tendencia y menciona mucha gente pero muy poca usa. A veces esto es un acierto, me acuerdo de cosas como Second Life. En otras es un fallo, como ocurre con twitter. No puedo evitarlo: cuando empieza todo el mundo a hablar de virtudes y potencialidades de cosas que no se están usando generalmente, desconfío y pienso que alguien está probando todos los encajes de un nuevo producto y ver que es lo que suena. Tengo cierta manía al Blockchain precisamente por eso. Se habla más de lo que se hace y eso me hace dudar.

El alcance del blockchain en la Administración Pública

En todo caso, esto no es trascendente. La cosa funcionará más allá de lo que yo piense de ella. En términos reales el alcance de blockchain como tecnología es el de asegurar la veracidad de transacciones y datos de manera distribuida. Ahí, y perdón, porque soy un tipo de poco mundo, creo que acaba la aplicación.

No es poca cosa. Un sistema archifiable, distribuido y automatizado es mejor que uno que no lo es, o lo es meno. Pero no creo que sea “una revolución más rotunda que la aparición de Internet”. Por ejemplo, evidentemente la parte “mecánica” de la banca es altamente sustitutible por esta tecnología, pero la institucional (responsabilidad de depósitos, aseguramiento, gestión de la demanda) no creo que vaya a desaparecer. En todo caso, creo que los bancos aprovecharán el blockchain para hacer las cosas más rápido y seguro (y con menos coste) pero poco más por ese lado.

Así que, a partir de aquí, poned en cuarentena cualquier cosa que digo. Creo que mi planteamiento está bien fundamentado, pero no voy a negar que hay un componente personal detrás que puede influir en él.

La necesidad de control por parte de la organización.

Empecemos por lo primero y principal. Creo que la Administración en términos generales no es muy afín a perder el control de determinados recursos. Dudo mucho que haya un movimiento generalizado en el que la tecnología requiere que la validez de procedimiento y documento no esté “en un sitio” y que ese “sitio sea controlable” por la propia organización. Vayamos a lo concreto. El uso de tecnologías menos distribuidas como “la nube” no es que esté arrasando en la Administración. O bien no se hace, o se hace exclusivamente local (hay ayuntamientos con su propia “nube”) o se desvirtúa el producto (tener que pedir acceso securizado incluso VPN por esa nube). Es decir, que si, que nube, pero en pequeña, en casa, y que yo diga quien y cómo entra.

Pues imaginemos qué supondría si decimos a un responsable de una administración que la validez de un contrato, documento, nombramiento o notificación no depende de que él o ella pueda comprobarlo directamente, sino de que cientos o miles de equipos comprueben que el hash de la operación es válido.

En mi experiencia la objeción a esto, que es más cultural que tecnológica, es importante. ¿Que levante la mano quien no conozca a un alto responsable de la Administración Pública (y no digo político, digo directivos y predirectivos) que no patalearía contra un modelo en el que  la comprobación de la validez de un documento no depende de la organización, sino de cientos de equipos informáticos de dios-sabe-quien?

La orientación al documento.

En las últimas semanas he recibido múltiples documentos de diversas administraciones públicas en PDF’s, gran parte de ellos escaneados. Y estamos en 2018. ¿En serio estas organizaciones van a dejar el escan de un documento plano con su firma y sus colorines en el que se ve la firma y el sello por un ok de transacción? La administración asocia la validez de la acción con el documento y su apariencia y no al hash que valida el blockchain. Esto sin ir a cosas más dramáticas como, por ejemplo, interventores que pasan el dedo por encima de contratos públicos para ver que la firma del responsable del órgano es manuscrita y no escaneada (historia real).

Y no pensemos en que todavía, a fecha de hoy, las notificaciones telemáticas solo se consideran válidas en entornos securizados de control de la administración. ¿No damos como válida una entrada al correo personal, pero vamos a dar por válido el ok de cientos de ordenadores? Me parece más que un salto de fe por estos eresponsables, un auténtico vuelo de fe.

Los medios propios para ejercer derechos.

Otro elemento es que, quieras que no, el ejercicio de las relaciones entre ciudadanía y administración es un derecho. La lectura institucional que se hace en España es, básicamente, que estos derechos tienen que poder ejercerse con medios propios. Este es el motivo por el que en la actualidad tenemos que firmar con nuestro certificado en nuestro equipo, con nuestra actualización de Java.

Efectivamente, hoy tenemos autorizados mecanismos de firma en la nube: clave pin y clave firma. Ahora bien ¿Cuántos lo tenéis? ¿Cuántos lo conocen? ¿Cuánto dedican las administraciones a promoverlo? Hemos decidido que la mejor manera de proteger los derechos del ciudadano es garantizarle que pueda hacer las cosas sin la ayuda de la Administración… y le hemos dejado haciendo las cosas sin ayudas de la Administración.

En este sentido ¿podemos esperar que la Administración y el derecho Administrativo acepte el ejercicio de derecho y obligaciones por una validez distribuida? Creo que no pocos administrativistas objetarían que, ¿qué pasaría si la cadena falla? No digo que sea posible que falle, o que esto vaya a ser así, digo que el sistema no asimila bien determinados niveles de incertidumbre e irresponsabilidad.

La burocracia.

Michel Crozier hablaba de cómo las organizaciones se adaptaban a la incertidumbre y los problemas. Entre ellas, las organizaciones burocráticas gestionan esa tensión mediante el control del procedimiento. Es decir, una organización no controla el procedimiento por ser burocrática, sino que es burocrática por hacer esto.

En mi opinión esto es algo que sigue ocurriendo en la Administración en España. Por ejemplo, cuando hemos encontrado problemas de corrupción sobre contratos, hemos metidos más procedimiento a los contratos.

No digo que sea malo. La burocracia es altamente eficaz, pero no especialmente eficiente. Si la manera de gestionar el conflicto es más control, difícilmente la distribución del mismo será una solución aceptable. Esta filosofía sigue estando ahí. Te puedes encontrar profesionales que defienden que, por ejemplo, hay que hacer copias auténticas de recibos de taxi para su rembolso. O sitios en los que tienes que presentar en papel la tarjeta de embarque porque no aceptan el código qr que usamos casi todos. O, mi favorito, el alta de terceros original con firma y sello original de banco. ¿En serio blockchain?

En resumen: no eres tú, soy yo.

Pues eso, que no creo en un futuro próximo de blockchain en las Administraciones Públicas. Por un lado, no me parece que vaya a aportar un valor enorme, especialmente de cara a la ciudadanía. Evidentemente, si hay campos donde puede entrar (por ejempo, validez de voto en consultas ciudadanas), pero más en el plano instrumental que utilitario. Claro que hay cientos de cosas que no se me han ocurrido y que pueden valer.

Sin embargo, creo que es una tecnología que choca enormemente con los hábitos y costumbres de la organización. No digo que esto haga que las organizaciones sean peores, sino que su manera de entender problemas y soluciones no casan con el tema. Evidentemente, hay gente muy competente y comprometida con el cambio, pero creo que la lógica organizativa trasciende su alcance.

Puede que un cambio generacional influya, aunque no lo creo. En primer lugar, porque como todos sabemos, la crisis y la política de empleo público ha hecho que la gente de 35 años sean “los jóvenes” de la Administración. Por el otro, porque los procesos de selección, formación e integración de empleados públicos contribuyen a la creación de intereses y expectativas propias de la organización y las funciones de trabajo. Así que, creo que no será posible hasta que ese “yo” se de cuenta de que tiene que cambiar para quedarse con “tú”.

 

 

 

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